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Juan Perea, el mellariense que se convirtió en el «cura rojo» del Sector Sur de Córdoba

Nacido en Fuente Obejuna en 1941, Juan Perea Moncayo dedicó más de cuatro décadas de su vida al Sector Sur de Córdoba, donde convirtió su sacerdocio en una forma de compromiso con los vecinos, la pobreza y la transformación de uno de los barrios más castigados de la capital.

Juan Perea, el mellariense que se convirtió en el «cura rojo» del Sector Sur de Córdoba
Juan Perea en el Sector Sur / Cadena SER
Redacción SER Guadiato · 03/09/2026 14:12

Juan Perea Moncayo fue sacerdote, pero para entender realmente quién fue hay que mirar más allá del altar. Durante décadas estuvo ligado a algunas de las principales reivindicaciones sociales y vecinales de Córdoba, hasta convertirse en una figura difícil de separar de la historia reciente del Sector Sur.

Conocido popularmente como «el cura rojo», Perea perteneció a aquella generación de sacerdotes que entendieron que su misión pastoral debía desarrollarse también en la calle, especialmente junto a quienes vivían situaciones de pobreza y exclusión.

Pero antes del Sector Sur estuvo Fuente Obejuna.

De Fuente Obejuna al sacerdocio

Juan Perea nació en Fuente Obejuna el 21 de agosto de 1941. Su origen mellariense constituye el primer capítulo de una vida que posteriormente quedaría profundamente vinculada a Córdoba capital.

Fue ordenado sacerdote el 18 de diciembre de 1966. Para aquella ordenación escogió un lema que, visto desde la perspectiva de toda su trayectoria, terminó funcionando prácticamente como una declaración de principios: «Sacerdote para servir a Dios y a mis hermanos, los hombres».

Sus primeros destinos estuvieron en las parroquias de Nuestra Señora del Carmen y San José de Puente Genil. Fue allí donde se aproximó a la Juventud Obrera Cristiana (JOC), una experiencia que tendría una influencia importante en su manera de entender posteriormente la Iglesia y el trabajo social. También formó parte del equipo sacerdotal de La Sagrada Familia de Córdoba, ejerció como profesor de Religión y fue capellán de las Religiosas Dominicas de la Anunciata.

1972: el encuentro con el Sector Sur

El gran giro de su vida llegó el 1 de octubre de 1972, cuando fue destinado a San Martín de Porres, en el Sector Sur de Córdoba.

Perea tenía entonces 31 años.

Lo que inicialmente era un destino pastoral acabaría convirtiéndose prácticamente en su proyecto vital.

Permaneció vinculado a San Martín de Porres durante más de cuatro décadas: fue coadjutor entre 1972 y 2005 y posteriormente párroco desde 2005 hasta su jubilación en 2017. Después continuó como párroco emérito.

Cuando llegó, el Sector Sur presentaba importantes problemas sociales y urbanísticos. El propio Perea recordaría años después que había lugares del barrio cuya sola mención provocaba temor entre quienes vivían fuera de él.

Su respuesta fue integrarse.

No concibió la parroquia únicamente como un espacio donde celebrar misa, sino como un punto desde el que intervenir sobre los problemas cotidianos de sus vecinos.

Un cura entre reuniones vecinales

Esa manera de ejercer el sacerdocio explica el sobrenombre que terminaría acompañándolo durante décadas: «el cura rojo del Sector Sur».

Perea estaba influido por la renovación de la Iglesia surgida del Concilio Vaticano II y por su contacto con la Juventud Obrera Cristiana. Su actividad religiosa convivió así con una intensa participación ciudadana.

Fue cofundador en 1977 de la asociación vecinal La Unidad y participó posteriormente en la creación de la Federación de Asociaciones Vecinales de Córdoba Al-Zahara, constituida en 1979. Llegaría además a presidir la Federación entre 1987 y 1991.

Su nombre aparece incluso en los estudios académicos sobre el movimiento vecinal cordobés durante el final del franquismo y la Transición, dentro de una generación de sacerdotes que se involucró activamente en los barrios populares de la ciudad.

Para Perea, evangelización y transformación social no eran necesariamente caminos separados.

De la iglesia a las vías del tren

Su compromiso trascendió ampliamente los límites del Sector Sur.

Uno de los episodios que mejor representa aquella personalidad fue su participación en las movilizaciones relacionadas con el denominado Plan Renfe.

A finales de los años ochenta, cuatro representantes del movimiento vecinal, entre ellos Juan Perea, llegaron a encadenarse junto a las vías ferroviarias para reclamar la remodelación de la red ferroviaria cordobesa y la eliminación de los pasos a nivel que habían provocado accidentes mortales.

La protesta acabó llevando a los participantes ante los tribunales por desórdenes públicos. Finalmente fueron absueltos.

Aquella imagen terminó formando parte de la historia del movimiento ciudadano de Córdoba.

Décadas después, Al-Zahara reconocería aquella lucha concediendo en 2017 uno de sus Cervatillos de Plata a los cuatro participantes en las protestas. Perea ya había recibido personalmente ese mismo reconocimiento en 2011.

La batalla por transformar San Martín de Porres

Probablemente uno de los mayores legados materiales de Juan Perea se encuentra precisamente en las calles donde desarrolló su sacerdocio.

Participó directamente en el Área de Rehabilitación Concertada de San Martín de Porres, un proyecto destinado a frenar el deterioro urbanístico y social del barrio.

Perea ejerció como coordinador de aquella actuación y aparece también entre los participantes técnicos vinculados a la rehabilitación integral.

El proyecto movilizó alrededor de 42 millones de euros de inversión pública, según relató posteriormente el propio sacerdote en una entrevista con Radio Córdoba, y permitió intervenir sobre calles, viviendas y bloques de una zona históricamente castigada por el deterioro urbano.

Sin embargo, Perea nunca confundió rehabilitación urbanística con solución de la pobreza.

Ya jubilado advertía de algo mucho más complejo: resulta más rápido rehabilitar edificios y calles que transformar las condiciones sociales de las personas que viven en ellos.

Los años más duros de la droga

La vida de Juan Perea en el Sector Sur también atravesó una de las etapas más dolorosas que sufrieron numerosos barrios españoles: la expansión de la heroína durante las décadas de los ochenta y noventa.

Perea convivió directamente con sus consecuencias.

La Federación Al-Zahara recuerda especialmente el episodio en el que tuvo que oficiar el entierro del tercer hermano de una misma familia fallecido como consecuencia de una sobredosis. El sacerdote también participó en iniciativas destinadas a atender a jóvenes con problemas de drogodependencia.

Aquellos años terminaron reforzando una forma de entender el sacerdocio que había comenzado mucho antes: estar allí donde estaban los problemas.

Un sacerdote que nunca escondió lo que pensaba

Juan Perea tampoco fue una figura cómoda.

Hablaba de política, pobreza, desigualdad y de la propia Iglesia con una franqueza poco habitual.

En una extensa entrevista concedida a Radio Córdoba tras su jubilación reflexionó abiertamente sobre las diferencias que observaba dentro de la Iglesia y mostró su admiración por el impulso reformador del papa Francisco. También se mostró crítico con la dificultad de las administraciones para conseguir una verdadera transformación social de los barrios pobres.

Aquella personalidad directa contribuyó a consolidar definitivamente el apelativo de «cura rojo», una etiqueta que terminó formando parte de su personaje público.

Pero detrás del sobrenombre permanecía el sacerdote ordenado en 1966 bajo una idea sencilla: servir.

Fuente Obejuna nunca desapareció de su vida

Aunque buena parte de su biografía pública se escribió en Córdoba, Juan Perea nunca dejó de mantener vínculos con Fuente Obejuna.

Su condición de mellariense aparece reiteradamente en la vida religiosa y social del municipio.

Una muestra especialmente significativa se produjo en 2015, cuando regresó para participar en la tradicional Misa del Emigrante de Fuente Obejuna, una celebración especialmente vinculada a los vecinos que tuvieron que abandonar el municipio pero mantuvieron sus raíces.

Perea concelebró aquella eucaristía y dedicó parte de su intervención precisamente a recordar a los mellarienses emigrantes, tanto a quienes podían regresar periódicamente al pueblo como a quienes nunca habían podido hacerlo.

Durante aquella celebración recibió además una medalla de la Hermandad de Nuestra Señora de Gracia, patrona de Fuente Obejuna.

La escena adquiere hoy un significado especial.

Porque después de una vida desarrollada fundamentalmente entre las calles del Sector Sur, Juan Perea vuelve a Fuente Obejuna para su despedida.

Su último viaje, de Córdoba a Fuente Obejuna

Juan Perea Moncayo falleció en Córdoba este miércoles 2 de septiembre de 2026, a los 85 años.

Y su familia y la Iglesia han escogido Fuente Obejuna para decirle adiós.

El obispo de Córdoba, Jesús Fernández, presidirá este jueves 3 de septiembre, a las 18:00 horas, la misa exequial en la parroquia de Nuestra Señora del Castillo de Fuente Obejuna.

El lugar elegido para su despedida termina cerrando de alguna manera el círculo de su biografía.

Nació en Fuente Obejuna, hizo del Sector Sur de Córdoba su gran territorio vital y pastoral y regresa finalmente a su pueblo para recibir el último adiós.

Entre ambos lugares quedan más de seis décadas de sacerdocio y compromiso social.

En Córdoba deja calles y viviendas rehabilitadas, asociaciones vecinales, movilizaciones ciudadanas y varias generaciones de vecinos que conocieron al cura que podía terminar una misa y marcharse directamente a una reunión de barrio.

En Fuente Obejuna queda algo anterior a todo aquello: sus raíces.

Juan Perea fue para Córdoba el «cura rojo» del Sector Sur.

Pero antes de convertirse en una de las figuras más singulares del movimiento vecinal cordobés, fue Juan Perea Moncayo, un mellariense nacido en Fuente Obejuna en 1941 que llevó consigo durante toda su vida el vínculo con el norte de la provincia de Córdoba.